María de los Ángeles Félix Güereña fue una actriz mexicana y uno de los símbolos del cine mexicano en su época de oro, llegando a ser uno de los grandes mitos del cine de habla hispana. Se le conoció por los sobrenombres de La Doña por su papel en Doña Bárbara y en Doña Diabla, y María bonita por la canción de Agustín Lara del mismo nombre dedicada a ella.

Sólo he sido una mujer con corazón de hombre

Su convulso inicio con Jorge Negrete durante el rodaje de El Peñón de las Ánimas (1943), de Miguel Zacarías, contribuyó a potenciar su fama, que tanto le valió para su posterior éxito, como una mujer dura y altanera. Este papel estelar junto a Negrete, un ídolo del cine mexicano, la condujo al resto de sus papeles protagónicos.

Un hombre tiene que ser escultura para satisfacer, una mujer para satisfacer solo sonríe, no es lo mismo tener el brazo tendido que la boca abierta.

Películas como María Eugenia (1943), de Felipe Gregorio Castillo, y Doña Bárbara (1943), de Fernando de Fuentes, le otorgaron la categoría de gran diva del cine mexicano. Concretamente su interpretación de la Doña Bárbara del escritor venezolano Rómulo Gallegos es insuperable. Él mismo Gallegos se encargaba del guión y los diálogos de la película y cuentan que al conocer a María en un restaurante exclamó:

¡Es ella! ¡Es mi Doña Bárbara!

Escena de la película doña barbara

Doña Bárbara será el inicio de las importantes colaboraciones entre María y Fernando de Fuentes, a cuyas órdenes filma La Mujer sin Alma (1944) y La Devoradora (1946), cintas que contribuyen a aumentar su celebridad como vampiresa por excelencia del cine mexicano, rol de mujer fatal que le acompañó durante su carrera cinematográfica.

María Félix es la mujer fatal indispensable del cine mexicano. Personalidad controvertida y admirada por su belleza legendaria y originalidad.

María Félix en la mujer sin alma

Su inicio en el cine empezó por azar cuando se hallaba mirando escaparates en el centro histórico de la Ciudad de México y el director Fernando Palacios la abordó preguntándole si le gustaría hacer cine, su respuesta:

¿Quién le dijo que yo quiero entrar en el cine? Si me da la gana, lo haré; pero cuando yo quiera, y será por la puerta grande

Especialistas afirman que María Félix siempre se interpretó a sí misma en todas sus películas, otros señalan que la aparición de la actriz en el panorama del cine mexicano fue tan impactante que los guionistas y directores terminaron por escribirle historias de acuerdo a su personalidad.

María Félix escena de La devoradora

Su fascinante imagen de mujer fatal destacó también en títulos como La diosa arrodillada (1947), de Roberto Gavaldón; y Doña Diabla (1950), de Tito Davison. Parece que ella misma iba enriqueciendo esa imagen, de tal modo que su colaboración con el director Emilio Fernández le permitió completar una trilogía heterogénea que resume sus méritos y favorece que, aún hoy, el público la trate regiamente: Enamorada (1946), Río Escondido (1947) y Maclovia (1948).

Su última aparición cinematográfica fue en La Generala (1970).

María Félix pertenece a un grupo de mujeres que entran al dominio público a través del séptimo arte, en la escena del primer momento del cine latinoamericano. Mujeres como ella vinculadas al cine norteamericano y europeo en expansión y con una vigencia que aún se extiende.

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